La enmienda mineral: beneficios y aplicación

Enmendar es corregir, eso lo tenemos todos claro. Así, en el mundo agrícola, una enmienda es algo destinado a alterar para bien las condiciones del suelo con el objetivo de volverlo más productivo de cara a optimizar al máximo los resultados que se esperan de él. Generalmente, estas tareas se realizan mediante la adición de elementos de manera previa al abono. Las enmiendas pueden ser orgánicas; aquí hablamos de elementos como humus, estiércol o mantillo. Pero lo más habitual es que se trate de enmiendas minerales, elaboradas a partir de yesos, cales, silicatos y otros elementos similares.

Qué es una enmienda mineral

Como decíamos, una enmienda mineral es un producto destinado a mejorar las condiciones de productividad del suelo. En esencia, este logra alcanzar mayores niveles de aireación y permeabilidad. Está, en definitiva, más activo gracias a que estos aportes consiguen mejorar su composición química.

Entre los beneficios y aportes que la enmienda mineral puede acarrear sobre el suelo podemos destacar varios. Gracias a ella se ajustan los niveles de pH y se incrementa la capacidad de intercambio catiónico en el suelo. La capacidad del suelo para dirigir los nutrientes y las corrientes de aire hacia las raíces se ve notablemente mejorada. Las comunidades de microorganismos que puedan habitar en los estratos próximos a las plantas también se ven beneficiados al mejorar las condiciones del terreno en el que habitan y se desarrollan como especie. La enmienda mineral, en definitiva, mejora las condiciones generales del suelo y afecta positivamente a todos los agentes que se benefician de su correcto desarrollo.


Enmienda mineral

Modo de aplicación

Para que la acción de la enmienda mineral sea lo más óptima posible se recomienda aplicarla siempre como un paso previo al abono o el fertilizante. Por norma general, esta acción hay que llevarla a cabo con una media de entre veinte y treinta días previos. De esta manera, se deja el espacio suficiente para que la enmienda pueda desarrollar su actividad y los efectos comiencen a ser notables en el momento de fertilizar o abonar. Antes que todo esto, por supuesto, conviene realizar un somero análisis del suelo para determinar qué tipo de enmienda necesitamos.

Tipos de enmienda mineral

Como suele ser habitual con esta clase de productos, la enmienda mineral puede clasificarse en función de su complejidad o del momento en el que se comenzó a aplicar sobre los suelos. Así, podemos distinguir entre tres generaciones de enmiendas diferentes. La primera de ellas es la más elemental y a ella pertenecen elementos como las cales dolomitas y agrícolas, el silicato de magnesio o el yeso agrícola, por mencionar algunos. Hablamos de enmienda mineral de segunda generación en el momento en el que se cuenta con productos un tanto más evolucionados, pensados para una mayor optimización del suelo. En este sentido, podemos nombrar algunos como la cal viva y la cal apagada, el sulfato de magnesio, el yeso químico o determinadas mezclas de elementos. La última generación, la tercera, es una evolución de la anterior, pensada en muchos casos para actuar de manera dual sobre los nutrientes y sobre el suelo. Pertenecen a esta clasificación elementos como el óxido de magnesio, aunque también es habitual encontrar enmiendas realizadas a medidas para suelos concretos.


Imagen principal de Lee Haywood.

Imagen central de Ivan Radic.

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