Son insectos, pequeños y poco llamativos, pero su papel en la producción de alimentos es enorme. La polinización animal, principalmente realizada por abejas, abejarrucos, mariposas y otros invertebrados, es un servicio ecosistémico esencial para una gran proporción de cultivos en todo el mundo. La pérdida progresiva de estas especies de insectos polinizadores compromete la productividad, la diversidad alimentaria y la seguridad alimentaria a nivel global.
Según estimaciones de la FAO y otros organismos internacionales, alrededor del 60 % de las especies de cultivos dependen en mayor o menor grado de la polinización animal para producir frutos, semillas o aumentar la calidad de los productos agrarios. Entre estos cultivos se encuentran frutas como manzanas o almendras, muchas hortalizas, café, cacao y diversas oleaginosas.
En economías como la china, por ejemplo, el área cultivada y la producción de cultivos dependientes de polinizadores han crecido más rápidamente que los cultivos independientes de estos agentes. En 2010, solo en China, el valor económico de los alimentos cuya producción depende total o parcialmente la polinización alcanzó más de 106 000 millones de dólares, casi una quinta parte del valor total de la producción agrícola nacional. En otros países como México, se estima que hasta el 88 % de los cultivos alimentarios dependen de estos animales. En ausencia de ellos las pérdidas productivas pueden ser considerables, incluso cuando se mantienen otros insumos agronómicos.
Cómo afecta la pérdida de insectos polinizadores a la agricultura
El declive de los insectos polinizadores no solo reduce la cantidad de alimentos producidos, sino que también tiene implicaciones económicas y nutricionales. Un estudio en Europa mostró que una hipotética desaparición de los polinizadores salvajes podría disminuir los rendimientos agrícolas en torno al 8 % a nivel continental, con caídas más pronunciadas en cultivos dependientes como frutas y verduras, y una caída del 15,5 % en su producción total. Este descenso también impactaría en precios y comercio de productos agrícolas.
La falta de polinización adecuada puede conducir a situaciones en las que los cultivos no alcanzan su potencial productivo debido a visitas insuficientes de insectos. Investigaciones en Estados Unidos han demostrado que cinco de cada siete cultivos analizados sufrían limitaciones de rendimiento por falta de polinizadores, y que tanto las abejas silvestres como las melíferas aportan contribuciones sustanciales a ese servicio.

Causas y consecuencias del declive de insectos polinizadores
La reducción en la abundancia y diversidad de insectos polinizadores está estrechamente asociada a factores humanos como la pérdida de hábitat por expansión agrícola, el uso intensivo de pesticidas, la fragmentación de áreas naturales, el cambio climático o determinadas enfermedades emergentes. Por ejemplo, recientes evaluaciones en Europa muestran que el número de especies de abejas silvestres consideradas en riesgo ha aumentado significativamente durante la última década.
Pero los efectos de la pérdida de insectos polinizadores trascienden la agricultura y afectan también a la seguridad alimentaria global. Los cultivos dependientes de la polinización animal incluyen muchos vegetales ricos en micronutrientes esenciales (como vitaminas y minerales) cuya ausencia puede agravar deficiencias nutricionales en poblaciones vulnerables.
Además, al disminuir la producción de cultivos altamente dependientes de polinizadores, aumenta la presión sobre tierras agrícolas para compensar las pérdidas, lo que puede provocar una expansión de la frontera agrícola, un mayor uso de insumos y cierta degradación ambiental adicional.
Estrategias para mitigar el impacto
Ante este desafío, diversas estrategias buscan frenar la disminución de insectos polinizadores y mejorar la resiliencia de los sistemas agrícolas. Estas incluyen aspectos como los siguientes.
- Conservación de hábitats: establecer franjas florales, setos y áreas naturales dentro y alrededor de campos para proveer recursos y refugio a los polinizadores.
- Reducción de pesticidas: limitar el uso de productos químicos dañinos y adoptar prácticas más respetuosas del entorno biológico.
- Agricultura diversificada: promover rotaciones, cultivos intercalados y mosaicos de cultivo que favorezcan la presencia y actividad de insectos útiles.
- Apoyo a la apicultura sostenible: proteger la salud de las colonias de abejas gestionadas y fomentar prácticas que eviten el estrés por manejo intensivo o transporte excesivo.
Estas medidas no solo benefician a los polinizadores, sino que también suelen estar alineadas con objetivos más amplios de sostenibilidad y biodiversidad en el agroecosistema.
La pérdida de insectos polinizadores representa un impacto silencioso pero real sobre la agricultura, con efectos directos sobre rendimientos, calidad de alimentos, economía y seguridad alimentaria. La protección y recuperación de estas poblaciones debe plantearse no solo como una cuestión ecológica, sino como un imperativo para asegurar la producción alimentaria sostenible en el futuro.
Imagen principal de Labbradolci (recortada).
Imagen central de Zoe Clarke.